El Mito de los Anabólicos Esteroides, Hormonas y Antibióticos en la producción avícola

18 enero, 2020

Ante la aparición en las redes sociales de vídeos mostrando como varios individuos inyectan dosis de sustancias a pollos, vale la pena aclarar: – Existe en el inconsciente colectivo una idea muy arraigada consistente en descalificar a la carne de pollo por ser obtenida mediante artilugios químicos (hormonas, antibióticos y esteroides). La aplicación de los […]

Ante la aparición en las redes sociales de vídeos mostrando como varios individuos inyectan dosis de sustancias a pollos, vale la pena aclarar:
– Existe en el inconsciente colectivo una idea muy arraigada consistente en descalificar a la carne de pollo por ser obtenida mediante artilugios químicos (hormonas, antibióticos y esteroides).

La aplicación de los conocimientos de química y bioquímica, la comprensión del funcionamiento y mecanismos del crecimiento (fisiología animal) hicieron que se desarrollen algunas líneas de investigación que comenzaron con el uso de antibióticos (Penicilina) e insecticidas (DDT) de amplio espectro que en el tiempo se fueron descartando por tener influencia negativa en la salud humana.

En épocas de la “Guerra Fría” hemos visto atletas hipertrofiados con anabólicos esteroides (testosterona) que nos llenaban de dudas e interrogantes.

Lo cierto es que en 1938, se descubrió una sustancia sintética que se comporta como una hormona sexual natural (estrógenos), el dietil etil bestrol (DES) producto de síntesis química con acción estrogénica (feminizante). En 1940 unos industriales descubrieron otro efecto secundario del DES, mucho más interesante desde el punto de vista comercial: Los pollos y pavos a los que se implantaba DES en el cuello crecían más rápido, con mayor peso y un ahorro notable de alimento.

Unas decenas de gramos de esta sustancia vertido en una tonelada de comida hacen que el ganado engorde un 15% más aprisa, con un ahorro del 10% de alimento. Están prohibidos en todo el mundo y este producto, como todas las sustancias estrogénicas, están prohibidas en la Argentina, a través del Decreto Nº 4224/61, (el 61 corresponde al año en que se decretó formalmente: 1961) para su utilización como engordador. Desde el año 1988 también está prohibido su empleo en uso terapéutico.

La prohibición se basa en que este producto, pese a ser económico y eficaz como engordador, tiene una alta acción estrogénica, es decir feminizante, con el fin de que los pollos machos aumentaran de peso y su carne fuera más suave (en aquella época se utilizaban Leghorn Inglés que a las hembras se las utilizaba como ponedoras y los machos se engordaban, fueron los primeros “parrilleros”).

Esta alternativa a la castración quirúrgica dio origen a un caso aislado de ginecomastía (desarrollo temprano de las glándulas mamarias) en la década del 50. Por aquellos años, los pollos tardaban casi 180 días en alcanzar el peso de faena y alrededor de los 90 días de vida se les aplicaba este compuesto en forma de implantes subcutáneos, en el cuello del animal. A fines de la misma década hubo algunos casos de consumo inadvertido de cogotes de pollo con restos del implante, lo que condujo a cuadros de feminización y ginecomastía en los cocineros que aprovecharon este corte de descarte comercial en los restaurantes.

Esto fue descripto en libro de farmacología médica (ilustrado) y algunos facultativos aún hoy relacionan el consumo de pollo con estos trastornos.

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El crecimiento rápido de los pollos se debe a cuatro motivos:

1.- Selección Genética: Los progresos genéticos rápidos en avicultura son posibles por el corto ciclo de vida de las gallinas y por su gran descendencia. Cada reproductora nos garantiza 150 pollitos en 9 meses, lo que permite tener una altísima presión de selección.
Una vaca nos da una sola cría en ese mismo período.
Además, a los 50 días sabemos cuál de los pollitos criados tiene una alta capacidad de crecimiento, mientras que en bovinos debemos esperar al menos un año más, luego del nacimiento.

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2.- Alimentación Balanceada: Los avances obtenidos en este campo son muy importantes, con tres o cuatro fórmulas de alimento para todo el ciclo de crianza (BB ó Iniciador, Cría, Recría y Terminación), donde el balance entre la proteína, aminoácidos y la energía son adecuadas para cada etapa del período de engorde, suplementados con vitaminas y minerales. Esto hace al mejoramiento de la velocidad de crecimiento y la conversión del alimento en carne.
El advenimiento de la harina de soja, hacia fines de los 60s, produjo un importante avance, gracias a su alta calidad nutricional (reemplazó a la harina de carne, hueso, sangre y pescado). A su vez el mejoramiento genético en vegetales, tanto en cereales (maíz, trigo, sorgo) como en oleaginosas (soja y girasol), ayuda a elaborar raciones más nutritivas año tras año.

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3.- Confort Ambiental: Los adelantos alcanzados en ingeniería ambiental fueron rápidamente aplicados a los galpones de crianza, pasándose de la calefacción a leña a la automatización total: temperatura, humedad, ventilación de gases, suministro de agua y comida… Hoy, existen galpones inteligentes donde un solo operario puede manejar hasta 100.000 aves.

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4.- Sanidad Controlada: Con el correr de los años se implementaron estrictas medidas de bioseguridad y profilaxis. Aparecieron vacunas muy efectivas contra las enfermedades más comunes, permitiéndoles a los pollos alcanzar todo su potencial genético.
En las décadas del 50 y del 60 se usaron Penicilina, Estreptomicina, Sulfamidas y Tetraciclinas.
Actualmente se utilizan antibióticos específicos para animales (pollos) denominados promotores de crecimiento, cuya estructura molecular es totalmente diferente a los usados en medicina humana. Estos antibióticos tienen una estructura de muy alto peso molecular y no pasan a la sangre, ya que no son absorbidos por el aparato digestivo de los pollos. Además se usan en muy bajas dosis y su función es regular el metabolismo de las bacterias intestinales bajando la proliferación de patógenos como E. Coli, Clostrídium Sp., Eimeria Sp. (Coccidiosis) y Salmonella Sp.

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Eventualmente, en el caso de que se tuviera que medicar al lote de aves, el alimento que se suministra durante la última semana de crianza, es un alimento de “retiro”, el cual no contiene ningún medicamento o promotor de crecimiento, con el fin de evitar la presencia de residuos en su carne.

En producción avícola los promotores del crecimiento más utilizados son los antibióticos modernos, probióticos (lactobacilos) y levadura de cerveza, entre otros, los cuales deben ser retirados siete días antes de la faena para que no queden residuos en la carne y huevos.

Hace muchos años que no se utilizan hormonas en la crianza de pollos parrilleros. Esto se debe, no sólo a una mayor toma de conciencia por parte del productor (y exigencia de los mercados de consumo) sobre el peligro que implican los posibles residuos en la carne, sino al hecho de que estos productos no funcionan en estos animales.

El pollo que se cría actualmente dista mucho del que se criaba cinco décadas atrás.

Hoy, son pollos híbridos “doble pechuga”, con un altísimo potencial genético, capaces de crecer a un ritmo superior a los 50 gramos diarios. Además, se trata de animales muy jóvenes (se los faena alrededor de los 50 días de vida), periodo en el cual no es factible obtener algún resultado utilizando productos hormonales, porque sencillamente el pollo naturalmente lo produce y aumentar su cantidad no tiene un beneficio adicional.

Estos compuestos actúan estimulando la glándula hipófisis aumentando la secreción de somatotrofina (hormona de crecimiento, STH, Somato Trofic Hormon) y también al hígado, aumentando la secreción de Somatomedinas, que son “mediadores” que necesita la STH para actuar. Este es un recurso farmacológico que es efectivo sólo en animales próximos a la madurez sexual, que ya han superado su etapa de mayor crecimiento (alta secreción natural de STH), siendo por lo tanto totalmente ineficaz en un animal que se faena antes de la pubertad, como lo es el pollo parrillero.

Con el fin de salvaguardar la salud pública, las empresas, las cámaras que las agrupan y el servicio Nacional de Sanidad Animal (SENASA) realizan controles rutinarios, para la detección de diferentes productos en carnes de todas las especies animales, siendo el hallazgo de alguno de ellos motivo de severísimas sanciones.

Los laboratorios de control están operados, en su mayor parte por químicos, bioquímico y biólogos y en los últimos años, sobre varios miles de pollos analizados, no se encontraron residuos de ningún tipo. Tampoco se han hallado residuos en los países que importan pollos argentinos. Comisiones de expertos de la Unión Europea monitorean con frecuencia toda la cadena de producción avícola argentina.

Fuente: AviAr Educativo