Bioseguridad en la Avicultura

La producción avícola en el mundo, de la que nuestro país no escapa, ha sido una de las actividades pecuarias caracterizadas por un significativo crecimiento en la última década; esto podría deberse a factores tales como el incremento en la demanda, tanto de carne así como la de huevo y al avance tecnológico en genética, […]

La producción avícola en el mundo, de la que nuestro país no escapa, ha sido una de las actividades pecuarias caracterizadas por un significativo crecimiento en la última década; esto podría deberse a factores tales como el incremento en la demanda, tanto de carne así como la de huevo y al avance tecnológico en genética, nutrición, sanidad, manejo, infraestructura y equipamientos.

En los últimos años, el concepto de bioseguridad ha venido involucrando diversos temas y de diferentes maneras; cada empresa, cada granja y cada operario toma el concepto y lo aplica según su criterio. Por esta razón, y por lo difícil de la estandarización de procesos, se dificulta el identificar las fallas que se tienen en bioseguridad, hoy día. He abordado este tema de manera de colaborar con el desarrollo del concepto de bioseguridad aplicada en la industria avícola.

“Los alimentos no discriminan a ningún consumidor», reza un dicho; esta afirmación es la que concede la importancia de producir alimentos sanos, nutritivos y agradables; y ante el proceso de globalización que vivimos actualmente, toda industria alimenticia, de la que forma parte la industria avícola, se encuentra condicionada directa o indirectamente a modificar su actitud hacia el mercado.

Esta es la razón por la que, en la actualidad, se conversa sobre diferentes procesos que en los sistemas de producción actual son obligatorios, si verdaderamente se piensa en una empresa avícola con futuro. He aquí la importancia de entender y diferenciar lo que es el aseguramiento de la calidad, el HACCP (análisis de riesgo y control de puntos críticos), BPP (buenas prácticas de producción) y POE (programas operativos estándares) y la bioseguridad.

Es por esta razón por la que la bioseguridad se ha convertido en un requisito de competitividad, es decir, la verdadera bioseguridad es un compromiso de calidad total. Por lo tanto, cuando nos referimos al concepto de bioseguridad, se hace referencia a mantener el ambiente libre de microorganismos, o por lo menos a mantener el nivel de contaminación al mínimo.

Cabe destacar que, con la implementación de esta medida, se reducen las oportunidades de que se presente alguna enfermedad en las granjas, considerando que, si el ambiente no es apropiado, los microorganismos causales de enfermedades mueren.

La bioseguridad, por lo tanto, busca establecer unas barreras protectoras que, ajustadas estrechamente, mantengan a las aves sanas. Con la implementación de estas medidas o barreras, el riesgo disminuye sustancialmente.

En ese punto, me gustaría referirme al enfoque moderno del concepto “control” que, en la actualidad, está orientado a todas las acciones que apuntan a prevenir la ocurrencia de errores en el proceso de la cadena productiva. Entonces, al hablar de prevención, se hace referencia a los riesgos que se corren en toda la cadena; por lo tanto, riesgo, en este contexto, es la probabilidad de que un agente contaminante esté presente en un determinado alimento y cause daño a la salud humana. Es importante recordar que los contaminantes pueden ser de origen físico, químico o microbiológico, y son identificados como “peligros” en las diferentes etapas de un proceso productivo.

La bioseguridad no es un gasto extra; un avicultor educado que quiere un margen de ganancia buena debe entender y considerar la bioseguridad como una inversión necesaria que rinde. Si se implementa bien, el costo de los baños, desinfectantes, botas, gorros, guantes, mamelucos es miles de veces menos de lo que se paga para curar las aves enfermas o lo que se pierde en ganancias de peso, pobres producciones o pésimas conversiones.

Practicar el sentido común es la regla básica; mientras más limpio esté el lugar donde crecen los animales, menos riesgo habrá de que ocurran enfermedades.

¿Cómo implementar un plan serio de bioseguridad en una cadena productiva?

La implementación de una buena bioseguridad es como una cadena que incluye muchos detalles pequeños que, de perderse un anillo de la cadena, se rompería el ciclo.

El factor más importante en esta cadena es el humano que, diría, en un 70% de los casos es responsable de los brotes de enfermedades y su propagación. Por esta razón es que se debe mantener una buena comunicación con los empleados de las granjas y tratar de educarlos con críticas constructivas.

Los trabajadores de la granja -sin importar cuál sea la función que ellos cumplan: galponero o simplemente un proveedor de alimento, medicamento, o el que retira los desechos avícolas, o el cortador de césped- deben saber cuán importante es la bioseguridad y cuáles son sus beneficios si se implementa correctamente: cuanto más se les educa, menos necesidad hay de vigilarlos.

Un buen trabajo de bioseguridad se refleja en los resultados finales, pues traerá mejor rendimiento y más ganancias. Es importante llevar un registro de todos los problemas de mantenimiento y pedirles a los empleados y visitantes que firmen una hoja donde se indican las razones de la visita, el día y la hora.

En avicultura, bioseguridad es el sistema que promueve y resguarda la salud de lotes de aves, disminuyendo su exposición a enfermedades y asegurando un medio ambiente limpio, que facilite el adecuado desarrollo de las aves, dando como resultado lotes más sanos y productivos.

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Shane (1996) ha delineado los componentes de un sólido Programa de Bioseguridad dividido en tres niveles, que considero muy razonable:

BIOSEGURIDAD CONCEPTUAL (Nivel 1)

Es el componente primario que representa la base de la pirámide en la prevención de las enfermedades. Lo conceptual comprende aspectos referentes a la ubicación de la granja; si está cerca o lejos de las zonas pobladas, si tiene o no energía eléctrica, si es monofásico o trifásico, si el camino es de todo tiempo, si el terreno es apto o no para la instalación de una granja avícola; la orientación del galpón de producción, entre otros. Por lo tanto, la bioseguridad conceptual afecta directa y definitivamente a todas las demás actividades y medidas para la prevención de las enfermedades y, consecuente, una falla en esta parte no puede ser corregida o modificada a corto plazo ante la presentación o inminencia de enfermedades.

BIOSEGURIDAD ESTRUCTURAL (Nivel 2)

Representa el segundo nivel de la pirámide y comprende, como todos sabemos, la organización de las granjas, las barreras y cercas, los drenajes, obras complementarias de los galpones, los equipos, etc. Las fallas en este nivel de bioseguridad se pueden corregir en un tiempo de mediano plazo.

BIOSEGURIDAD OPERACIONAL (Nivel 3)

Es el nivel superior o vértice de la pirámide; comprende el manejo y todas las actividades y procesos diarios, dirigidos a evitar y reducir al máximo el riesgo de la introducción de enfermedades y su diseminación dentro de las granjas.

En este nivel, la capacidad de respuesta puede ser más rápida ante posibles fallas o desafíos de enfermedades.

La participación y compromiso activo de todas las personas involucradas y la supervisión y monitoreo del estado inmune de las aves son absolutamente definitivos para el éxito de los programas de bioseguridad.

Por lo tanto, podemos sintetizar diciendo que la bioseguridad abarca el conjunto de normas de estricto cumplimiento que buscan garantizar la sanidad de los animales, la calidad de sus productos y la preservación del medio ambiente, y todas normas de manejo que se llevan en una explotación avícola, para impedir que entren agentes patógenos a la granja y causen enfermedades. Se la reconoce como la primera línea de defensa contra los agentes infecciosos.

Que la bioseguridad no debe ser una medida emergente, sino permanente.

Que se debe defender día a día, siendo tanto el galponero, administrador como el técnico los responsables directos de su aplicación y efectividad.

Que es conveniente que cada país reglamente las medidas mínimas de bioseguridad que deben cumplir las granjas avícolas. Esto permitirá a las autoridades sanitarias constatar o certificar oficialmente las medidas de bioseguridad sobre la base de criterios técnicos.

Que, por lejos, la bioseguridad se constituye en el medio más barato y eficaz de controlar las enfermedades y que cada granja debe desarrollar sus propias reglas o medidas de bioseguridad, basándose en sus procedimientos particulares, riesgos y necesidades.

Fuente: bmeditores.mx
DR. FREDI L. ALVAREZ SAMUDIO.