Huevos fritos congelados

23 octubre, 2020

Con frecuencia sacamos conclusiones precipitadas o erróneas a partir de la información que recibimos, ya sea porque es de mala calidad o incompleta, o bien, porque carecemos de conocimientos suficientes para interpretarla. En muchos casos esto explica el origen de algunas polémicas y mitos relacionados con los alimentos, o lo que es lo mismo, muchos […]

Con frecuencia sacamos conclusiones precipitadas o erróneas a partir de la información que recibimos, ya sea porque es de mala calidad o incompleta, o bien, porque carecemos de conocimientos suficientes para interpretarla. En muchos casos esto explica el origen de algunas polémicas y mitos relacionados con los alimentos, o lo que es lo mismo, muchos de nuestros enfados y temores. Y para cenar, un par de huevos fritos... congelados - La Tarde - COPE

¿Te has preguntado por qué encoge la carne en la sartén, qué es la espuma del bote de garbanzos, por qué en la bolsa de patatas fritas hay más aire que patatas o cómo es posible que se vendan frutas peladas y envueltas en plástico? Despejamos estos (y otros) enigmas de los alimentos en el siguiente artículo.

No somos tan fuertes como un elefante ni tan veloces como un guepardo, pero sí mucho más inteligentes. Somos capaces de deducir, razonar, discurrir… y en definitiva, de pensar. Ahora bien, si estamos en medio de la sabana africana y escuchamos un ruido entre la maleza, nuestro cerebro no se detendrá a reflexionar si se trata de un peligroso león o de un inofensivo pájaro, sino que tomará un atajo e inmediatamente interpretará esa señal como un peligro, ordenando a nuestras piernas que comiencen a correr a toda velocidad para alejarnos de allí.

Este mecanismo ha resultado muy útil para mantenernos con vida desde que existimos como especie, pero puede jugarnos malas pasadas en nuestro día a día porque a menudo nos lleva a formarnos una idea distorsionada de la realidad. Es algo que nos ocurre a todos en cualquier ámbito de la vida, en especial si se trata de campos que no dominamos, como deporte, salud, política… En el mundo de la alimentación podemos encontrar muchos ejemplos.

Huevo frito congelado listo para comer

El huevo frito congelado se comercializa en envase de plástico individual, donde se incluyen instrucciones para su consumo. Podemos elegir entre calentar unos segundos en el microondas, un minuto a la sartén o seis minutos en el horno.

Este producto suele generar comentarios de indignación, sorpresa y burla a partes iguales. Parece completamente absurdo comercializar el huevo en ese formato, con el coste de energía y el impacto medioambiental que supone, por no hablar de lo disparatado de emplear seis minutos en descongelarlo, cuando empleamos mucho menos en freír un huevo crudo. Y en efecto todo eso es cierto. Este producto en envase individual y dirigido al consumo doméstico carece de sentido. Pero si nos quedamos con esto, estaríamos viendo solo una parte de la historia.

La cuestión es que el huevo frito congelado, patentado por el cocinero Javier Yzuel en el año 2014, fue concebido para otro fin donde tiene mucho más sentido: la restauración colectiva, es decir, restaurantes, colegios, universidades, hospitales, residencias de ancianos, etc. De este modo se resuelven dos problemas de un plumazo:

  • El tiempo de preparación. Freír un huevo requiere de apenas tres minutos, pero si tuviéramos que hacer eso para atender a seiscientos comensales tardaríamos mucho más. Con este producto se pueden preparar 200 unidades en seis minutos, si disponemos de un horno multinivel. En definitiva, ahorra tiempo, tal y como hacen otros productos que se utilizan habitualmente, como las croquetas preparadas o las ensaladas listas para consumir.
  • La seguridad alimentaria. Según la legislación, los huevos que se sirven en restaurantes y comedores colectivos deben cocinarse hasta que alcancen al menos 75 ºC para evitar problemas microbiológicos, como la posible presencia de Salmonella. Eso significa que si se cocinan huevos fritos deberían servirse con la yema cuajada. Si no se desea hacer esto, deben ser sustituidos por ovoproductos, es decir, productos derivados del huevo que han sido sometidos a un proceso de pasteurización para asegurar su inocuidad, tal y como ocurre con el huevo frito congelado. En este caso se aplica una temperatura suave durante un periodo prolongado de tiempo para así eliminar los patógenos sin que la yema llegue a cuajar. Aunque en este caso la yema no es completamente líquida, sino más bien cremosa.

Fuente: Comsumer