Argentina – Plan para controlar una enfermedad de riesgo para las granjas avícolas

3 enero, 2021

Diez empresas elaboraron una planificación sanitaria, junto al INTA y el Grupo de Trabajo Avícola, que incluye una vacuna inactivada para controlar la hepatitis a cuerpos de inclusión (HCI). Se la presentaron al SENASA.Las condiciones de bioseguridad son una variable cada vez más importante en la producción avícola. La avicultura en la Argentina tiene una […]

Diez empresas elaboraron una planificación sanitaria, junto al INTA y el Grupo de Trabajo Avícola, que incluye una vacuna inactivada para controlar la hepatitis a cuerpos de inclusión (HCI). Se la presentaron al SENASA.Las condiciones de bioseguridad son una variable cada vez más importante en la producción avícola.

La avicultura en la Argentina tiene una rica historia que la ha llevado a ocupar un lugar destacado en la producción de proteína animal, tanto para el mercado doméstico como para la exportación, a tal punto que el consumo actual en el país ronda los 65 kg/hab/año, de los cuales 50 kg corresponden a carne de pollo y 15 kg a huevos.

Parte de ella, la viene escribiendo, hace unos 30 años, el Grupo de Trabajo Avícola (GTA) Bobby Visser, impulsado por los veterinarios Carlos Del Pino, Mateo Delamer, Roberto “Bobby” Visser, de quien tomó luego su nombre y Hugo Luchetti, su actual presidente.

Se trata de un grupo de profesionales veterinarios provenientes de diversas empresas productoras de pollos y huevos, al que luego se sumaron de otras disciplinas vinculadas con la actividad -como ingenieros agrónomos, en ventilación, bioquímicos y nutricionistas- que, en la década de 1990, comenzaron a reunirse para abordar en forma colaborativa problemas sanitarios y operativos que afectaban al sector.

El manejo sanitario es clave para aumentar el ritmo productivo y evitar graves pérdidas.
El manejo sanitario es clave para aumentar el ritmo productivo y evitar graves pérdidas.

“Logramos ser consultores del Ministerio de Agricultura y del SENASA y ser reconocidos por la actividad, a través de la Cámara de Productores de la Industria Avícola (Capia) -granjas de ponedoras- y del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (Cepa) -frigoríficos de carne de pollo- y especialmente haber incluido el concepto de bioseguridad en las integraciones, creando conciencia al respecto, tanto en los integrados como en las grandes empresas”, destaca Luchetti.

La integración es un esquema por el cual grandes empresas avícolas integran galpones de terceros (los integrados), dándoles a estos sus pollitos bebés y el alimento balanceado correspondiente para engordarlos en sus instalaciones, desde donde, al momento de lograr su peso de faena, son devueltos a sus dueños, las grandes empresas avícolas, para su procesamiento y venta al mercado.

“El GTA es una entidad autónoma y autárquica que funciona como traductor de la ciencia intercambiando experiencia entre los profesionales de la actividad avícola, en aspectos como el manejo integral de plagas, el control de roedores y en evitar la interrelación entre las especies, como por ejemplo no explotar industrialmente aves y cerdos en el mismo predio. Si bien el estatus sanitario argentino es de los mejores de América Latina, libre de enfermedades como Newcastle con vacunación y de Influenza Aviar, evitar la explotación mixta lo preserva”, explica Luchetti.En la Argentina, el consumo de pollo se equiparó al de carne vacuna.En la Argentina, el consumo de pollo se equiparó al de carne vacuna.

Luchetti explica que la hepatitis a cuerpo de inclusión (HCI) es una enfermedad muy antigua que se da mayormente en pollos parrilleros y produce el decaimiento de los animales, por lesiones cardíacas y en el hígado, que tiene un índice de morbilidad de entre 6 y 8%.

– ¿Cómo se transmite la enfermedad?

– Es de transmisión vertical, pasando de los padres a los pollos parrilleros y también de transmisión horizontal cuando, se reutiliza la cama de los galpones y el virus permanece allí. Es una enfermedad muy antigua que las empresas trataban en forma individual, pero que ahora gracias al trabajo de los técnicos de la industria ha comenzado a considerarse en forma conjunta entre las distintas compañías, marcando un hito en el sector, para llevar una solución a la actividad.

– ¿Cómo se dio ese cambio de enfoque?

– Entre fines de 2019 y comienzos de 2020, diez empresas avícolas importantes comenzaron a trabajar en forma colaborativa para desarrollar una investigación nacional junto con el INTA y laboratorios argentinos y extranjeros para hacer un diagnóstico preciso de la enfermedad en el país. Los resultados de esa investigación, se presentaron al SENASA, para que reconociera que la enfermedad afectaba en forma importante a la industria y autorizara así la producción de vacunas en el país, tema sobre el cual el GTA fue consultado.

– ¿Qué grado de avance tiene el desarrollo la vacuna?

– Las empresas interesadas están en la fase de trámites de presentación de registros. Es una vacuna vírica inactivada para ser inyectada en reproductoras (se aísla el virus, se lo cultiva, luego se lo inactiva y se lo vehiculiza para ser inyectado), que podría fabricarse en la Argentina.

Según explica Luchetti, el GTA está vinculando a las facultades de veterinaria, a otras asociaciones de profesionales de esa disciplina, al consejo y al colegio que los agrupa con la idea de crear una fundación que financie y realice estos estudios, según las necesidades de la industria. Entre los que podrían encararse figuran proyectos vinculados con productos biológicos, manejo, ambiente y uso y reutilización de camas.

– Entendiendo que enfermedades como HCI son consecuencia de deficiencias en el cuidado de la bioseguridad, ¿Cómo califica su aplicación en las granjas argentinas de pollos parrilleros?

– En las granjas de los integrados aún falta mucho por mejorar. Hay un alto nivel en los abuelos y padres, pero en la cría del pollo parrillero debiera seguir incrementándose el esfuerzo en forma constante.

– ¿Con qué medidas?

– Para preservar su bioseguridad deberían tener un mejor aislamiento. Las granjas que se ven desde una ruta no tienen buena bioseguridad, como decía nuestro ex presidente, Luis Micheluzzi.

Habría que poner cortinas de árboles porque muchos agentes infecciosos se trasladan por aire a través de los vientos y de la ropa de los operarios. Con buenas cortinas arbóreas se avanzaría.

Además, hace falta más conciencia en respetar el hábito del cambio de ropa de los operarios. Habitualmente se cambia el calzado, pero no la ropa en los galpones de parrilleros. Esos protocolos no se respetan bien porque la actividad en una granja es intensa y la relación cantidad de pollos-cantidad de operarios debería mejorarse.

Es lo que sugerimos desde el GTA, sin confrontar sino tratando de convencer con argumentos técnicos. Para lograr ese y otros avances, tenemos actualmente una muy buena relación con las empresas.

Fuente: www.clarin.com/rural
Muchas gracias Gastón Guido