Argentina – Los huevos no son todos iguales: piden que se reconozca la calidad y el bienestar animal

24 enero, 2021

Los sistemas confinado en suelo, campero y ecológico serían más amigables con las gallinas que las baterías de jaulas. Piden que sea obligatorio identificar el modelo de producción. En el sistema campero, las gallinas caminan en el suelo, lo que les permite regular mejor la temperatura corporal. Si bien en la Argentina no existen normas […]

Los sistemas confinado en suelo, campero y ecológico serían más amigables con las gallinas que las baterías de jaulas. Piden que sea obligatorio identificar el modelo de producción.

En el sistema campero, las gallinas caminan en el suelo, lo que les permite regular mejor la temperatura corporal.

Si bien en la Argentina no existen normas que obliguen a identificar los huevos de consumo respecto de sus sistemas de producción, esa exigencia sí rige en Europa y registra incipientes iniciativas en países cercanos como Colombia o Chile.

En este sentido, el médico veterinario Bernardo Kojic Rousseil, asesor independiente de granjas de postura y responsable del curso de Bienestar Animal en Aves de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata, explica que “los sistemas de producción de huevos son los mismos en todo el mundo y van a terminar siendo categorizados indefectiblemente en el país, porque el público quiere saber qué come y cómo se produce y ese, es un derecho básico”.

Detalla los cuatro sistemas existentes: el más difundido, en confinamiento en jaulas, el antiguo sistema tradicional o en baterías de jaulas en varios pisos, dentro de galpones climatizados, llamados automáticos en el país, al referirse a su sistema de recolección de huevos y evacuación de guano.

A este se agregan los llamados alternativos:
– confinado en suelo o piso, que funcionan normalmente en antiguos galpones de cría de pollos parrilleros, con nidos manuales o automáticos. Allí las aves pueden caminar y posarse sobre perchas, lo que mejora su estructura ósea;
– el campero, similar al anterior ya que las gallinas se crían en el suelo, con el agregado de acceder a un parque externo, protegido con mallas de alambre tejido.
– Y el ecológico, establecido por normas del SENASA, que acepta un máximo de 6 aves por metro cuadrado, mientras que el campero permite 9 aves por metro cuadrado.

En estos modelos el bienestar animal es mayor pero asumen más costos que deberían ser reconocidos en la góndola para que estos sistemas sean viables.

Respecto de los sistemas confinados, Kojic Rousseil precisa que en Europa se usa la jaula enriquecida con nido, un lugar que el animal necesita durante 30 a 40 minutos, para poner el huevo, lo que mejora su rendimiento. “La jaula enriquecida tiene limador de uñas, inexplicablemente no obligatorio en Argentina, especie de lija debajo del comedero que le quita el filo a las uñas, dado que no se desgastan al estar en jaulas. Tiene 2 perchitas de unos 18 cm y un frente de comedero que es el doble de lo que se usa en Argentina. Y en vez de los 420 cm2 por animal que se usa en el país tiene 600 cm2 por ave”, precisó.

Las jaulas en baterías que en la Argentina se usan en los galpones automáticos, de los más modernos instalados en el país, y que albergan entre 10 a 12 aves por jaula, con una superficie por animal de entre 380 y 420 cm2, fueron definitivamente prohibidas en Europa en 2012, tras un proceso de migración a sistemas más amigables con el bienestar animal, que la UE inició en 1999. A partir de esas normas, en sus países miembros es obligatorio identificar a los huevos según el tipo de sistema de producción del que provienen, clasificándose en 0, ecológico; 1, campero, 2, de suelo, y 3, de jaula.

Temperatura, un parámetro

Siendo que las gallinas tienen una temperatura corporal normal de 41 grados y que producen un huevo que ponen a 37 grados, las condiciones térmicas y de humedad ambiente son clave para que produzcan en condiciones de bienestar animal y al máximo de su potencial.

Kojic Rousseil explica que “la temperatura ambiente ideal para que eso suceda es entre 17 y 24 grados. Pero no siempre es así y las gallinas, si están confinadas, están limitadas a recibir la temperatura que hay y no la confortable. Estas aves no tienen glándulas sudoríparas, no pueden transpirar para regular su temperatura. Pierden calor por 4 mecanismos, 3 de los cuales funcionan hasta los 35 grados de temperatura ambiente”. Ellos son: radiación, conducción y convección.

En las jaulas, las gallinas tienen dificultades para bajar la temperatura corporal cuando hace calor.
En las jaulas, las gallinas tienen dificultades para bajar la temperatura corporal cuando hace calor

La radiación es la pérdida de calor a través de su entorno, con lo cual este debe estar más fresco que el animal. La temperatura de la piel debe ser más alta que la del aire que la rodea. La conducción es la posibilidad de perder calor por contacto directo contra una superficie más fresca. A las aves en jaulas, paradas sobre un alambre, se le dificulta enormemente perder calor por este sistema.

“En cambio, un animal que está en el suelo o en el sistema campero, donde sale al exterior, cuando tiene calor se echa con su abdomen sobre el suelo y así el 65% de su cuerpo está en contacto con el suelo y pierde calor por apoyo en el piso. Esta posibilidad no está disponible en el sistema de jaulas”, precisa Kojic Rousseil.

La convección se da cuando el aire que está en contacto con el animal se calienta y sube y luego circula otra masa de aire más fresco. Para que este sistema funcione y sea eficaz debe haber una gran corriente de aire de manera que se renueve con velocidad.

Estos tres mecanismos son bastante eficientes mientras la temperatura ambiente no supere los 35 grados. Al llegar a esa marca y según de la edad del animal, su último recurso es el jadeo, pérdida de temperatura mediante la evaporación de su propia agua. Mantiene su pico abierto y expone la humedad pulmonar al ambiente. Para que el jadeo funcione como sistema de enfriamiento tiene que haber una diferencia importante entre la humedad que tiene el animal para perder y la que tiene el aire para recibir. Debe haber un ambiente seco.

“El jadeo no es gratis para la gallina. Requiere que tenga agua y energía para perder en esa operación, que además le produce al animal alteraciones metabólicas. Cuando jadea el animal hiperventila y así pierde CO2 por los pulmones y la capacidad de fijar calcio sanguíneo lo que repercute en menor calidad de cáscara del huevo que produzca”, precisa.

Consecuencias productivas

Como respuesta al calor, las aves consumen más agua y menos alimento, con lo cual producen menos huevos, de menor tamaño y grosor de cáscara, que así serán más frágiles. Ese huevo conlleva un problema de logística, porque se rompe más fácilmente, lo que se traduce una desventaja comercial porque recibe un menor precio.

La gallina está enfrentada a variaciones climáticas y su adaptación dependerá de sí misma y de su capacidad de enterarse de los cambios de temperatura externa, lo que se verá reflejado en su producción. En la respuesta al calor hay una aclimatación. El animal no muere de calor sino de deshidratación.

Kojic Rousseil explica que por más que exista un sistema de refrigeración en todo galpón de jaulas en baterías, la temperatura no es uniforme. No es la misma en los pasillos que dividen distintos sectores de jaulas, que dentro de ellas. Y tampoco en los pisos superiores e inferiores, ni más cerca de los pasillos que más adentro de las jaulas.

“Cuanto más grande sea el galpón, más desuniforme es la temperatura, con lo cual se manejan valores promedio, que difieren de la temperatura real en distintos puntos de los galpones. Es difícil allí mantener una temperatura uniforme. Y eso requiere distintos tipos de nutrición”, explicó.

Más allá de la influencia de la temperatura de las aves en su bienestar animal, para Kojic Rousseil hay que hacerle entender al Estado argentino que debe haber normas. El productor alternativo de huevos, aunque sea minoritario, existe. Y la única forma de sobrevivir que tiene es lograr transferir su costo mayor, que forzosamente tiene por una cuestión de escala y de mano de obra. No podrá tenerlo mientras no lo pueda diferenciar ni identificar, por eso hacen falta normas. “El SENASA debe obligar a los productores a declarar, además del origen, color y fecha de vencimiento del huevo, cuál de los cuatro sistemas de producción tienen: si las gallinas están enjauladas, en el suelo, si es campera o ecológica”, insistió.

“No es argumento que porque el Estado no puede controlar, el productor no pueda declarar cómo produce. La mejor forma es que el productor esté dentro del sistema, inscripto en el SENASA y que declare en ese marco y el día en que sea encontrado en un error sea sancionado”, concluyó el especialista.

Gastón Guido (@gastonfguido) | TwitterFuente: clarin.com
Gastón Guido
Periodista independiente