Conceptos de inmuno-nutrición aplicados a las aves

24 marzo, 2022

El término inmuno-nutrición se origina a partir de estudios en humanos en la década de 1950, con la sugerencia de que existe una relación entre la desnutrición y las infecciones (Shetty, 2010). En las décadas de 1980 y 1990, otros estudios que utilizaron datos de seguimiento de poblaciones durante décadas apoyaron este concepto. Desde entonces, […]

El término inmuno-nutrición se origina a partir de estudios en humanos en la década de 1950, con la sugerencia de que existe una relación entre la desnutrición y las infecciones (Shetty, 2010). En las décadas de 1980 y 1990, otros estudios que utilizaron datos de seguimiento de poblaciones durante décadas apoyaron este concepto. Desde entonces, la inmuno-nutrición en humanos ha sido explorada en varios aspectos más amplios, considerándola multifactorial, ya que la nutrición está relacionada con la digestión y absorción de nutrientes en el tracto gastrointestinal, microbiota, sistema inmunológico, órganos relacionados con procesos inflamatorios y sus efectos secundarios, sistema nervioso sistema y producción de hormonas, etc. Este concepto ha sido entendido y aplicado a la nutrición animal desde hace mucho tiempo, ya que el conocimiento en las áreas de nutrición, sanidad, manejo y medio ambiente es bastante avanzado;

Es importante comprender que el tracto gastrointestinal, además de ser responsable de la digestión y absorción, también es un órgano responsable de las respuestas inmunitarias. En las aves, en particular, aproximadamente una cuarta parte de la mucosa intestinal está compuesta por tejido linfoide y más del 70% de este son células del sistema inmunitario (Wershil & Furuta, 2008). El tejido linfoide asociado al intestino (GALT) constituye el mayor componente del tejido linfoide asociado a la mucosa (MALT) y una fuente importante de células inmunitarias que controlan y protegen las capas mucosas del intestino. GALT está continuamente expuesto a varios antígenos, microbiota y patógenos (Dalloul & Lillehoj, 2006). Así, el desarrollo y maduración del sistema inmunológico puede verse afectado por factores externos (ambiente, manejo, condiciones sanitarias, dieta, etc.)

Estos factores también tienen un impacto en la microbiota intestinal y la salud. La microbiota intestinal realiza varias funciones en el cuerpo y juega un papel importante en la comunicación bidireccional en el eje intestino-cerebro (Cryan & Dinan, 2012). Es decir, el sistema nervioso central (SNC), a través del eje hipotálamo-pituitario, puede activarse en respuesta a factores estresantes y, como resultado, liberar cortisol. El cortisol afectará a las células inmunitarias, lo que iniciará la liberación de citocinas pro inflamatorias, que a su vez afectarán la permeabilidad intestinal, lo que permitirá una modificación en la microbiota (Landeiro, 2016).

El epitelio intestinal, además de tener la función de absorber nutrientes, también actúa como barrera física. Si la permeabilidad intestinal se ve afectada, los microorganismos intestinales y los lipopolisacáridos (LPS) pueden pasar a la lámina propia, activando las células del sistema inmunitario y liberando citoquinas pro inflamatorias que impactarán en el SNC y el sistema entérico (Gareau et al., 2008). Varios cambios metabólicos pueden resultar de estas respuestas, como fiebre, ineficiencias metabólicas, catabolismo del músculo esquelético y síntesis de proteínas de fase aguda (Korver, 2006). Es decir, impactarán en el desvío de nutrientes y energía que se utilizaría para el crecimiento.

Revista AviSite
Melina Bonato
Gerente de I+D
ICC Brasil