Nota Editorial Nº 35

16 mayo, 2022

Me vuelvo a comunicar por esta vía, pero no es para dar opinión alguna sino, para recordar una experiencia vivida hace cuarenta y cinco años en la industria avícola argentina. Las opiniones sin representatividad alguna, tienen un valor tan relativo que he visto que durante algunos meses ausente, nadie preguntó algo al respecto. Muchas veces […]

Me vuelvo a comunicar por esta vía, pero no es para dar opinión alguna sino, para recordar una experiencia vivida hace cuarenta y cinco años en la industria avícola argentina.

Las opiniones sin representatividad alguna, tienen un valor tan relativo que he visto que durante algunos meses ausente, nadie preguntó algo al respecto.

Muchas veces me han solicitado que escriba acerca de los tiempos vividos, en la actividad laboral y en la actividad de servicio que veo lentamente, va pasando al silencio.

Sigue habiendo relato de experiencias, con la historia nacida o a partir del momento que el actor, se incorpora al escenario avícola.

Por ahí he visto información brindada en mal forma, lo indiqué para que tomaran el recaudo de la enmienda pero solo me censuraron, quitando por dos veces el mensaje que quedó por escrito y bajo mi responsabilidad.

Ahora quiero recordar mi experiencia con la Enfermedad de Gumboro en la Argentina, cuando hacía trabajo de campo, brindando asesoramiento en granjas y empresas avícolas.

Aclaro que es mi experiencia y no que el hecho haya sido el primero en el país, en ese momento yo no conocía la enfermedad a la que me refiero y no tenía referencias, que hubiera aparecido o hubiera sido descripta en otra u otras granjas en el país.

Puedo revelar el nombre de la empresa (Cabaña Avícola JORJU), dado que la misma ya no existe y la enfermedad a la que me refiero es la Enfermedad de Gumboro, como indiqué anteriormente.

Se ingresaron pollitas BB destinadas a la producción de huevos para el consumo, 60% de la línea Hissex blanca y 40% de la línea brown, en una granja que era considerada bastante aislada y destinada a cría y recría de reproductoras.

Hacía visitas semanales y cuando las pollitas tenían poco más de una semana, comenzó una enfermedad muy significativa, que encendió todas las luces rojas.

Hice el tipo de necropsias que se podían llevar a cabo en aquel momento y como profesional realizando trabajo clínico a campo, abrí pollitas en la misma ahí mismo y como método me dediqué a observar irregularidades, las que como un gran síndrome no me orientaban a las enfermedades que conocía.

La única decisión que tomé en ese momento fue suplementar con todo lo disponible en ese momento contra condiciones de estrés y suspender despique y la aplicación de vacunas a vis vivo, que en aquel entonces se limitaban a las vacunas contra la Enfermedad de Newcastle y contra la Bronquitis Infecciosa. Hice reforzar la medicación contra las Eimerias posibles y solicité que se enviara material a distintos Laboratorios, fue así que se enviaron a dos Laboratorios de proveedores en Pilar y a las Facultades de Veterinaria de Buenos Aires y de La Plata.

Había un colega que iba los sábados a la Cabaña y su orientación era hacia la nutrición, por lo que cuando vio el cuadro sanitario y por las lesiones visuales en hígado, se orientó a un problema con el alimento. Así que indicó que se le quitara el alimento balanceado y se les diera, solo maíz molido….

Todos los Laboratorios describieron lesiones y diagnosticaron sobre las consecuencia de la enfermedad causal y desconocida. Se objetó que suspendiera las vacunaciones contra las Enfermedades de Newcastle y Bronquitis Infecciosa.

Casualmente tenía un pasaje a vencer y lo usé para visitar la casa matriz de la empresa del Grupo Hendrix en aquel entonces, con sede en Boxmeer, Holanda.

El Jefe de los Servicios Veterinarios de la Empresa no estaba en Boxmeer, por lo que debí esperarlo durante una semana y así surgió lo que será motivo de otro relato, que es el del ingreso de la línea Lohmann en América con sus líneas Blanca y Brown. Había una experiencia anterior en Chile con la línea Lohmann Súper Brown.

Cuando me pude reunir con el colega, vuelto de una gira semanal por Francia y durante una cena, le describí el cuadro que no podíamos diagnosticar.

Mientras tanto había dejado a dos colegas de mi confianza, haciendo reemplazo de mi trabajo en la Cabaña por un lado y de un centro de recría de pollas, que tenía organizado en la localidad de Carmen de Areco. El uno ex alumno y ex ayudante de la Primera Cátedra de Producción Avícola en la creada Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, éste puede ser motivo de otro recordatorio cuando justamente este año, se cumplen 50 años que se comenzó a dictar.

El otro colega, era un buen amigo desde la época de estudiantes, compartimos durante todo un año el lugar donde nos alojábamos.

Volviendo a Boxmeer y la conversación con el Jefe de los Servicios Veterinarios, una vez que le describí lo que veía y haciendo una síntesis manifestó: -“me juego el título universitario como me lo jugué en Inglaterra, que ustedes tienen en Argentina, Enfermedad de Gumboro con Hepatitis a cuerpos de inclusión”.

Estoy hablando de cuando no existía ni el fax como medio de comunicación, así que aquí estaban las conclusiones con respecto a las observaciones, de los colegas que quedaron con responsabilidades en dos sitios distantes entre sí unos 100 Km.

El uno dijo que no recomendaba ingresar pollitas de la línea blanca cuando comienza el clima frío y el otro descreyó del diagnóstico que había sido hecho en Holanda.

No lo especifiqué antes, pero era muy significativa la diferencia en las mortandades entre las líneas, siendo mayor en las blancas que en las que denominamos “de color”.

Luego comienza otra etapa, para la que tengo también mi experiencia porque viajé a México, visité Laboratorios Serva que tenía su origen también en Boxmeer, en Laboratorios Intervet e hicimos en combinación entre Avícola San Miguel y Cabaña Avícola Albayda una importación de la vacuna contra la Enfermedad de Gumboro.

Si llegó hasta aquí, gracias por su tiempo y un saludo cargado de afecto

Isidro Molfese